domingo, 19 de agosto de 2012

¡No dudes que Dios tiene lo mejor para ti!


Cuando los ángeles llegaron a Sodoma para cumplir una orden que Jehová le había mandado, que era destruir la ciudad, encontraron a Lot y a su familia en ese lugar. Dios dictaminó destruirla por el pecado que allí había.
Vemos en Génesis 19:15 como los ángeles le dicen a Lot y a su familia que se tenían que apurar para que no dejen de existir junto con la ciudad.
Si nos ponemos un poco en el lugar de Lot y su familia hay que imaginarse todo el tiempo que ellos vivieron ahí. Estaban establecidos, ellos eran parte de ese lugar. Ese lugar era su lugar. Ahí es donde ellos estaban acostumbrados a estar.
Todos sabemos que esta ciudad hacía lo malo ante los ojos de Dios y Lot y su familia vivían, convivían con eso. Imagínense entonces, cuan grande era el arraigamiento que ellos tenían con esa ciudad que leemos en Génesis 19:16 como los Ángeles tomaron a Lot y a su familia de las manos y lo condujeron fuera de la ciudad. ¡Ellos dudaron, titubearon! No estaban seguros. Y vemos como los ángeles, aunque ellos dudaron, los sacaron fuera de la ciudad.  Los desprendieron de eso que los estaba atando a lo viejo para que lo nuevo se manifieste, porque la misericordia de Jehová estaba con ellos.

¿Cuántas veces no queremos despegarnos de nuestro pasado? Como nos cuesta soltar lo que estamos viviendo o vivimos porque estamos acostumbrados a un estado, a un lugar, a una persona porque nos da miedo lo que puede pasar y no dejamos que el nuevo tiempo de Dios venga sobre nosotros.
Dios quiere sacarte de esa área en donde no estas siendo dirigido por Él. Quiere que tu pasado no sea tu presente, porque Él es tu presente. Dios quiere sacarte de esa tierra en donde lo único que haces es no obedecer su palabra, y por consecuencia, no ser bendecido por Él. (Deuteronomio 28: 1-2)

¿Cuántas veces nos preguntamos por qué nos va mal en algunas áreas? Es porque no estamos dejando que Dios tome el control. No estamos dejando lo que vivimos atrás. Nos cuesta, como le costó a Lot dejar su comodidad, dejar  eso que para él era costumbre, para vivir en una tierra nueva.
Dios quiere sacarte de ese estancamiento en donde estas, de ese lugar dónde lo único que ves a tu alrededor son cosas malas. Donde la bendición de Él no te rodea, quiere desarraigarte de eso que solo te aleja más de Él y su presencia.

Este es el tiempo de tu determinación. El tiempo en donde vos tenés que tomar la decisión de seguir como estas o ser sorprendido por Dios. Porque cuando dejamos que Él tome el control, ten la plena seguridad que vas a salir victorioso y que vas a caminar de gloria en gloria y de victoria en victoria. Porque Dios es un Dios de misericordia la cual se renueva cada día y Él, como padre, quiere que sus hijos transiten por un camino de bendición con sabiduría.
Deja que Dios sea quien marque y determine tu lugar, y si Dios quiere sacarte de un lugar es porque algo mejor tiene para tu vida, porque hay algo que está deteniendo tu crecimiento, tu madurez.
Recuerda: Cuando Dios dice no, tienes que gozarte porque has evitado un error en tu vida. Porque Él sabe los planes que tiene para nosotros, planes de bienestar y no de calamidad. (Jeremías 29:11)

Cynthia Elizabeth Figueroa

domingo, 12 de agosto de 2012

¡No te permitas retrasar el propósito de Dios sobre tu vida!

Hay tres tipos de tropiezos:

# Tropiezos que Dios te pone para que aprendas a sortear ese obstáculo para más adelante saber como enfrentarlo.
#Tropiezos que nosotros mismos nos ponemos por no obedecer o no entender.
#Tropiezos que los demás nos ponen.

Pero cual sea el tropiezo o la piedra, los tres tiene en común la facultad de hacerte aprender algo.
Cada piedra, cada obstáculo en el camino es un aprendizaje. Uno tiene que tener la capacidad de que todas las cosas que vamos viviendo, a medida que vamos transitando el camino, tiene que servir para adquirir sabiduría y aprender como manejarnos en un futuro.
Solo la persona puede tomar la decisión de que esa piedra de tropiezo –situación, problema, circunstancia- le afecte o no en su vida, en su crecimiento.
La piedra es la que está en el camino pero vos tomas la decisión de saltarla o tropezarte con ella.
Cuando una persona en algún momento es una piedra de tropiezo, muchas veces inconscientemente, hay que perdonar. Aunque haya hablado mal de vos, aunque te haya tratado mal, te haya lastimado, herido. Es tan importante soltar el perdón, porque no solo estamos perdonando a alguien sino que también estamos actuando con madurez y siendo sabios y evitando que esa piedra que está en el camino nos haga tropezar y detener nuestro crecimiento. Pero tenemos que actuar con el amor de Dios, y así perdonar y bendecir.
En Lucas 17:1 dice ¡Ay de aquel que los ocasiona! Podemos ser piedras de tropiezo, así como antes decíamos, inconscientemente. Por eso, tenemos que tener cuidado de lo que hablamos, con quien hablamos, de lo que hacemos, como nos movemos, porque sin darnos cuentas siempre las personas nos están observando y nuestras acciones, si no son correctas pueden afectar el crecimiento de una persona. Cuando Dios dice “¡Ay!” Es porque podes tener consecuencias.
Por eso, es importante soltar perdón si en algún momento alguien te lastimó, si te hizo sufrir, si fue esa piedra de tropiezo en tu camino, así podes avanzar con una victoria obtenida y con el aprendizaje de saber que Dios te da la capacidad de perdonar y seguir adelante. Por eso, no te detengas ante las circunstancias, ante los problemas, sáltalos, evítalos, porque Dios te ayuda a salir victorioso y seguir tu camino. No te permitas detenerte, no te permitas estancarte, no te permitas parar, ¡no te permitas retrasar el propósito de Dios sobre tu vida!

Cynthia Elizabeth Figueroa

domingo, 5 de agosto de 2012

Venciste a un león, venciste a un oso y ahora ¡vas a vencer a este gigante!

La semana pasada estuve pasando por una etapa de decisiones en mi vida personal. Llegó el momento y tengo que elegir que carrera estudiar y también dónde hacerla. Se termina la secundaria y es hora de empezar con la Universidad. 
Como toda cosa nueva, siempre trae el miedo de saber: ¿que va a pasar? ¿Dios me apoyará? ¿Estará conmigo? Y un sin fin de preguntas que son normales para un joven de mi edad. Y en medio de mis preocupaciones, y como siempre Dios suele hacerlo, me trajo una historia muy conocida para todos: “David y Goliat”. El pequeño joven pastor de ovejas que con una honda mata al gigante filisteo.

Una de las cosas principales que se puede marcar de esta historia es que, sea lo que sea, un león, un oso, este pastor de ovejas lo enfrentaba  y si se volvía contra él lo mataba dándole un golpe certero.  (V34-35)
(V36) A David no le importaba contra que se enfrentaba, solo sabía que se iba a enfrentar contra eso, fuese lo que fuese, si le tocaba algo que le pertenecía y menos le importó este gigante, pues también lo iba a vencer.
David tenía la plena seguridad que iba a poder contra el, porque Jehová estaba con él, porque Jehová le daba la habilidad, la destreza y la fuerza para hacerlo.
(V46) Vemos que cuando este muchacho se enfrenta al gigante guerrero, le declara  una palabra, le profetiza, le dice que es lo que va hacer con él, y con los que con él viene. No tan solo a él lo iba a derrotar, no tan solo a él lo iba a vencer, sino a los filisteos que venían a luchar con el. 
Cuantas veces, cuando estamos pasando por una situación, un problema, enfermedad o tenemos que tomar una decisión,  acompañado de eso siempre vienen sentimientos como el desconcierto, la tristeza, desesperación, depresión, dolor, falta de fe y tantas otras cosas que, en consecuencia de ese problema, de esa adversidad, de esa enfermedad, de esa decisión solo hacen más que agraviar tu momento.
Vemos a un David que le dijo: “Goliat, yo a vos te voy a vencer, y no solo te voy a vencer a vos, problema, enfermedad, circunstancia, si no que voy a vencer a todos lo que vienen con vos, depresión, falta de fe, inconstancia. Los voy a derrotar y voy a demostrar que conmigo hay un Dios todopoderoso que es Jehová de los ejércitos”.

Y eso es lo que quiere Dios en este momento, que nos tomemos de su mano, que le dejemos a él los problemas, todo eso que pasa por tu vida en este momento y todo lo que también en consecuencia viene y Dios te va a dar la habilidad, la estrategia, la fuerza y la sabiduría para que salgas victorioso y entendamos que cuando Jesús toma el control de tu situación es Él quien pelea y no sos vos con tu fuerza.
Así que enfréntate a ese gigante que te está molestando, determínate y declárale una palabra, profetízale, dile: “Acá se termino tu tiempo. Estos son tus últimos segundos de vida. Yo hoy a vos te venzo, te gano. Yo hoy a vos te marcó el final. Porque Jehová esta conmigo y todo lo puedo en él que me fortalece. En el nombre de Jesús no hay más enfermedad, en el nombre de Jesús no hay más dolor, porque cuando Él fue crucificado, por sus llagas fui yo curado y vos no tenes que estar”

Ya venciste a un león, ya venciste a un oso y ahora vas a vencer a este gigante.

Cuando vos te determines a enfrentar tu situación y a dejarla en las manos de Dios, entendiendo que es Él quien te da la habilidad para vencer, vas a salir victorioso. Solo tenes que determinarte y vencer porque Jesús esta con vos, y si Jesús esta con vos... ¿Quién contra ti?
Te bendigo-
Cynthia Elizabeth Figueroa